Si es cierto que Sandra Bullock puede permitirse el lujo de ser muy selectiva con las películas que hace, ésta es buena prueba de ello.
The Blind side no es una más de esas películas “basada en hechos reales” con moralina y final feliz. Es toda una lección de humanidad, precisamente sin la repelente pretensión de aleccionar. Es verdad que la protagonista lleva a cabo una buena acción de la que muchos podrían tomar ejemplo, pero es igual de importante en el argumento la “purga” de sus intenciones al hacerlo a lo largo de la película: ella misma duda de la rectitud de sus intenciones, como lo hacen las personas a su alrededor. No sólo ante éstas, sino sobre todo ante sí misma, ha de demostrar que la ayuda que presta al joven chico al que acoge en su casa no está cargada de paternalismo y autocomplacencia. Y es esto lo que hace que esta película sea tan especial, y la espectacular actuación de Sandra Bullock merecedora de un Oscar.
Cinematográficamente es imprescindible destacar el uso de las caras de los personajes para expresar sus sentimientos y estados de ánimo sin mediar palabra. Y digo caras y no las expresiones faciales, ya que es admirable cómo sin apenas hacer muecas ni grandes gestos (como haría por ejemplo Jim Carrey), en cada momento unas excelentes tomas de las caras en primer plano situadas estratégicamente son las encargadas de transmitir las sensaciones de la historia con un realismo estremecedor.
Es éste un realismo que demuestra cómo una vez más, para ser verosímil no es necesario recurrir a la fácil solución de los cineastas vacíos de ideas que consiste en mostrar imágenes y secuencias cada cual más cruda o salvaje, en una escalada de violencia cutre y desgarradora (me vienen a la cabeza pasillos mugrientos con personas drogadas recorridos cámara al hombro). Se puede usar lenguaje cinematográfico del bueno para contar de modo verosímil y fiel a la realidad y The Blind Side es un excelente ejemplo.
No en vano las personas reales en cuyas vidas está basada la historia no sólo han aprobado la versión cinematográfica sino que se han prestado para un extenso pase de fotografías al final de la película.
Por cierto: sí, aunque no lo crean, también los republicanos pueden ser buenos.
Buscar en este blog
sábado, 26 de junio de 2010
sábado, 12 de junio de 2010
Príncipe de Persia - firma invitada: Cristina Hansen
Nadie mejor que una empedernida jugadora del juego original para comentar su adpatación al cine. Con ustedes, Cristina Hansen:
El príncipe de Persia y las arenas del tiempo
Todavía recuerdo aquellos ordenadores (386, con pantalla en naranja y negro) en los que jugaba al “Príncipe de Persia”. Era un juego de niveles, y en cada uno de ellos un machanguito (el príncipe) tenía que correr, saltar y esquivar trampas, sierras, y cuchillos para llegar al siguiente. Al final de todos los niveles estaba la princesa por la que había que luchar. Este juego, imperecedero con sus sucesivas versiones, es el que acaba de ser llevado a la gran pantalla, producido por Jerry Bruckheimer (Piratas del Caribe, La Búsqueda). Así que fui al cine intrigada por cómo han podido plasmar un videojuego en una película, y por volver a ver a mi héroe de juego de ordenador en la gran pantalla.
Aunque no podamos decir que es una gran película, sí que es una buena película de aventuras. Es más: entre el argumento y la acción se consigue recrear muy fielmente la sensación del juego. Me explico. Ya desde las primeras escenas tenemos al príncipe corriendo, saltando entre casas, caminando sobre maderas que sobresalen. A veces le da la sensación a uno de tener que apretar espacio más flecha para que logre saltar lo inimaginable. Estas hazañas del juego se repiten a lo largo de la película.
No sólo eso, la propiedad de la daga de volver atrás en el tiempo recrea estupendamente la posibilidad de repetir la jugada de cualquier juego de ordenador (pierdes una vida y vuelta a empezar, con la experiencia ganada del anterior intento: es exactamente lo que le ocurre al protagonista en la película), con un sorprendente final que descansa precisamente sobre esta sensación de volver a jugar el juego para llegar al final deseado.
Bajo mi modesto punto de vista, habiendo jugado bastante poco a juegos de ordenador, me parece una magnífica adaptación de las sensaciones de jugar convertidas en una película de acción, igual que el Hulk de Ang Lee supuso, al margen de la calidad de la película, una fantástica manera de adpatar al cine la sensación de estar viendo un cómic.
Si te gustó jugar al Príncipe de Persia, esta es tu película.
El príncipe de Persia y las arenas del tiempo
Todavía recuerdo aquellos ordenadores (386, con pantalla en naranja y negro) en los que jugaba al “Príncipe de Persia”. Era un juego de niveles, y en cada uno de ellos un machanguito (el príncipe) tenía que correr, saltar y esquivar trampas, sierras, y cuchillos para llegar al siguiente. Al final de todos los niveles estaba la princesa por la que había que luchar. Este juego, imperecedero con sus sucesivas versiones, es el que acaba de ser llevado a la gran pantalla, producido por Jerry Bruckheimer (Piratas del Caribe, La Búsqueda). Así que fui al cine intrigada por cómo han podido plasmar un videojuego en una película, y por volver a ver a mi héroe de juego de ordenador en la gran pantalla.
Aunque no podamos decir que es una gran película, sí que es una buena película de aventuras. Es más: entre el argumento y la acción se consigue recrear muy fielmente la sensación del juego. Me explico. Ya desde las primeras escenas tenemos al príncipe corriendo, saltando entre casas, caminando sobre maderas que sobresalen. A veces le da la sensación a uno de tener que apretar espacio más flecha para que logre saltar lo inimaginable. Estas hazañas del juego se repiten a lo largo de la película.
No sólo eso, la propiedad de la daga de volver atrás en el tiempo recrea estupendamente la posibilidad de repetir la jugada de cualquier juego de ordenador (pierdes una vida y vuelta a empezar, con la experiencia ganada del anterior intento: es exactamente lo que le ocurre al protagonista en la película), con un sorprendente final que descansa precisamente sobre esta sensación de volver a jugar el juego para llegar al final deseado.
Bajo mi modesto punto de vista, habiendo jugado bastante poco a juegos de ordenador, me parece una magnífica adaptación de las sensaciones de jugar convertidas en una película de acción, igual que el Hulk de Ang Lee supuso, al margen de la calidad de la película, una fantástica manera de adpatar al cine la sensación de estar viendo un cómic.
Si te gustó jugar al Príncipe de Persia, esta es tu película.
Etiquetas:
adpatación,
Jerry Bruckheimer,
Principe de Persia
sábado, 29 de mayo de 2010
EL ESCRITOR (The Ghost Writer)
El Escritor es una película de intriga, en el contexto de los servicios secretos americanos y su influencia en la política de otros países. Este tipo de películas se caracterizan por los infiltrados, los dobles agentes, los espías y el lema de que “nada es lo que parece”. Sin embargo la trama de El Escritor es bastante lineal, y todo acaba siendo lo que parecía ser. Distintos espectadores se percatarán de la clave de a película –de quién es el personaje decisivo—antes o después, pero a partir de ese momento la intriga emana de otra fuente: ¿cuándo acabará metiendo la pata el protagonista, cuándo le llevará su propia ineptitud a manos de los que le quieren muerto?
Durante toda la trama el protagonista aparece involuntariamente atrapado en el descubrimiento de los trapos sucios del personaje al que le está escribiendo su “autobiografía”. Está claro que el guión pretendía hacer énfasis en que él se vio envuelto en todo el asunto sin buscarlo y sin tener madera de periodista de investigación, pero en mi opinión fue demasiado lejos en su impericia y falta de la más básica precaución, que, sin llegar ni pretender ser cómica, acaba siendo totalmente irreal e inverosímil: en varias ocasiones se mete directamente en la boca del lobo por pura temeridad o ingenuidad, y lo lógico habría sido que en todas ellas hubiera acabado muerto o en manos de los conspiradores. El que no sea así es otra vuelta de tuerca más en la dirección de la inverosimilitud. Es decir, un clavo saca a otro.
Ahora bien, dado ese, en mi opinión equivocado, cariz del guión en cuanto al protagonista, hay que alabar la actuación de Ewan McGregor, que efectivamente consigue transmitir a la perfección lo que se le pedía y despertar las ganas de darle una colleja para que espabile o se vaya a casa y deje el asunto para un profesional.
Una nota sobre la versión española de los diálogos: parece que se ha introducido en la traducción de los guiones una excesiva tendencia de interpretar como “tú” el “you” del inglés, lo cual es especialmente llamativo en esta película. En la vida real personajes que no se conocen entre sí y al mismo tiempo son de reconocido prestigio no pasan del “usted” a tutearse a partir de la segunda frase sin más. El que lo hagan en El Escritor es otro brochazo de inverosimilitud que además hace caer al espectador en el hecho de que se trata de una traducción, lo cual inevitablemente le saca de la película, algo que hay que evitar a toda costa en el cine.
Durante toda la trama el protagonista aparece involuntariamente atrapado en el descubrimiento de los trapos sucios del personaje al que le está escribiendo su “autobiografía”. Está claro que el guión pretendía hacer énfasis en que él se vio envuelto en todo el asunto sin buscarlo y sin tener madera de periodista de investigación, pero en mi opinión fue demasiado lejos en su impericia y falta de la más básica precaución, que, sin llegar ni pretender ser cómica, acaba siendo totalmente irreal e inverosímil: en varias ocasiones se mete directamente en la boca del lobo por pura temeridad o ingenuidad, y lo lógico habría sido que en todas ellas hubiera acabado muerto o en manos de los conspiradores. El que no sea así es otra vuelta de tuerca más en la dirección de la inverosimilitud. Es decir, un clavo saca a otro.
Ahora bien, dado ese, en mi opinión equivocado, cariz del guión en cuanto al protagonista, hay que alabar la actuación de Ewan McGregor, que efectivamente consigue transmitir a la perfección lo que se le pedía y despertar las ganas de darle una colleja para que espabile o se vaya a casa y deje el asunto para un profesional.
Una nota sobre la versión española de los diálogos: parece que se ha introducido en la traducción de los guiones una excesiva tendencia de interpretar como “tú” el “you” del inglés, lo cual es especialmente llamativo en esta película. En la vida real personajes que no se conocen entre sí y al mismo tiempo son de reconocido prestigio no pasan del “usted” a tutearse a partir de la segunda frase sin más. El que lo hagan en El Escritor es otro brochazo de inverosimilitud que además hace caer al espectador en el hecho de que se trata de una traducción, lo cual inevitablemente le saca de la película, algo que hay que evitar a toda costa en el cine.
sábado, 22 de mayo de 2010
Robin Hood
Robin Hood es una más de tantas películas con que algunas productoras están intentando rentabilizar el tirón de personajes que en la historia del cine han demostrado acarrear grandes éxitos de taquilla. Dentro de esta tendencia están los que deciden continuar las sagas comenzadas años atrás, como Superman Returns, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, …; y los que deciden explorar los orígenes de las leyendas, como Batman Begins, El Exorcista: el comienzo, o esta versión de Robin Hood de Ridley Scott. El problema de este último tipo de precuelas es que muchas veces se intenta explicarlo todo, incluyendo lo inexplicable, o lo que habría quedado mejor sin explicar.
En Robin Hood, Ridley Scott cae en esta última tentación y enmarca el afán justiciero de Robin de los Bosques en la lucha de los señores del Reino Unido por resistirse a la opresión de su rey, en la que el padre de Robin Hood había desempeñado un papel importante, muriendo cuando éste era aún muy pequeño. El hijo no recordaba lo ocurrido, pero retoma la lucha de su padre a través de una serie de casualidades que le llevan a conocer a uno de los que lo presenciaron, quien le cuenta sus orígenes revolucionarios.
Pero son demasiadas casualidades para la credibilidad de un guión y, en su empeño por explicarlo todo, el resultado, además de ser muy forzado, incurre en incoherencia con las demás versiones de Robin Hood, en las que el Rey Ricardo Corazón de León está vivo, mientras que en ésta se parte del presupuesto de que muere en el camino de regreso de las cruzadas.
Adolece, además, de cierta incoherencia de estilo, ya que por un lado parece querer engarzar el relato en un marco histórico verosímil mientras que por otro narra hechos muy poco creíbles para la época en que suceden, como la participación de una mujer disfrazada de caballero al mando de un grupo de adolescentes asilvestrados en una batalla que cambió el rumbo de la historia de dos potencias como Francia e Inglaterra.
Al margen de estas cuestiones, la película acaba siendo una película de época y de acción más, entretenida, pero que no quedará en el recuerdo más que como un intento fallido de ser la versión cinematográfica definitiva de una leyenda.
En Robin Hood, Ridley Scott cae en esta última tentación y enmarca el afán justiciero de Robin de los Bosques en la lucha de los señores del Reino Unido por resistirse a la opresión de su rey, en la que el padre de Robin Hood había desempeñado un papel importante, muriendo cuando éste era aún muy pequeño. El hijo no recordaba lo ocurrido, pero retoma la lucha de su padre a través de una serie de casualidades que le llevan a conocer a uno de los que lo presenciaron, quien le cuenta sus orígenes revolucionarios.
Pero son demasiadas casualidades para la credibilidad de un guión y, en su empeño por explicarlo todo, el resultado, además de ser muy forzado, incurre en incoherencia con las demás versiones de Robin Hood, en las que el Rey Ricardo Corazón de León está vivo, mientras que en ésta se parte del presupuesto de que muere en el camino de regreso de las cruzadas.
Adolece, además, de cierta incoherencia de estilo, ya que por un lado parece querer engarzar el relato en un marco histórico verosímil mientras que por otro narra hechos muy poco creíbles para la época en que suceden, como la participación de una mujer disfrazada de caballero al mando de un grupo de adolescentes asilvestrados en una batalla que cambió el rumbo de la historia de dos potencias como Francia e Inglaterra.
Al margen de estas cuestiones, la película acaba siendo una película de época y de acción más, entretenida, pero que no quedará en el recuerdo más que como un intento fallido de ser la versión cinematográfica definitiva de una leyenda.
Furia de Titanes - Tenerife en la Gran Pantalla
La verdad es que antes de que se diera a conocer esta nueva versión de Furia de Titanes este tipo de películas no había resultado para mí especialmente interesante, y ni siquiera había visto la versión antigua. Lo comento porque esto significa que me acerqué a verla sin ningún condicionamiento previo, sin ninguna expectativa más allá de la que nos transmitió la promoción publicitaria.
Vista de este modo, la experiencia fue positiva y entretenida, con un buen equilibrio de aventura, acción, argumento y efectos visuales. Las actuaciones estaban a la altura y la música acompañó sin desmerecer. Todo ello hace de Furia de Titanes una película que bien merece la pena ir a ver al cine teniendo en cuenta los precios a los que están las entradas, aunque no será la más recordada de la temporada para la mayoría, simplemente una más.
Digo para la mayoría, porque para los que vivimos en Tenerife ver esta película tiene un aliciente especial, el de ver paisajes y recovecos bien conocidos para nosotros convertidos en escenarios naturales para la ciudad Argos, o los alrededores de ámbitos mitológicos como el Monte Olimpo o el reino de Hades. La próxima vez que nos paseemos por las Cañadas del Teide miraremos por el rabillo del ojo por si acecha un escorpión gigante entre las rocas volcánicas…
También hay que hacer una salvedad en el sentido contrario: para los conocedores y puristas de la historia de la mitología griega debe de ser un suplicio el visionado de esta película. No lo digo por conocimiento propio, sino porque sé de alguno que ni siquiera aguantó hasta el final y salió del cine despavorido a mitad de la misma.
En cuanto a coherencia del argumento yo sólo tengo una incógnita, que quizás algún lector pueda despejar: si Io, convertida en una especie de ángel de la guarda de Perseo, era inmortal, ¿por qué muere en el ataque del rey Acrisio, , fichado bajo el nombre de Calibos como aliado por Hades?
Vista de este modo, la experiencia fue positiva y entretenida, con un buen equilibrio de aventura, acción, argumento y efectos visuales. Las actuaciones estaban a la altura y la música acompañó sin desmerecer. Todo ello hace de Furia de Titanes una película que bien merece la pena ir a ver al cine teniendo en cuenta los precios a los que están las entradas, aunque no será la más recordada de la temporada para la mayoría, simplemente una más.
Digo para la mayoría, porque para los que vivimos en Tenerife ver esta película tiene un aliciente especial, el de ver paisajes y recovecos bien conocidos para nosotros convertidos en escenarios naturales para la ciudad Argos, o los alrededores de ámbitos mitológicos como el Monte Olimpo o el reino de Hades. La próxima vez que nos paseemos por las Cañadas del Teide miraremos por el rabillo del ojo por si acecha un escorpión gigante entre las rocas volcánicas…
También hay que hacer una salvedad en el sentido contrario: para los conocedores y puristas de la historia de la mitología griega debe de ser un suplicio el visionado de esta película. No lo digo por conocimiento propio, sino porque sé de alguno que ni siquiera aguantó hasta el final y salió del cine despavorido a mitad de la misma.
En cuanto a coherencia del argumento yo sólo tengo una incógnita, que quizás algún lector pueda despejar: si Io, convertida en una especie de ángel de la guarda de Perseo, era inmortal, ¿por qué muere en el ataque del rey Acrisio, , fichado bajo el nombre de Calibos como aliado por Hades?
Etiquetas:
Clash of the Titans,
Furia de Titanes,
Tenerife
sábado, 1 de mayo de 2010
Más Allá del Tiempo (La Mujer del Viajero en el Tiempo)
Es difícil valorar una película basada en una novela que uno considera una de sus favoritas. Por un lado, porque sencillamente es difícil no caer en la tentación de comparar la novela con la película, lo cual siempre lleva a conclusiones injustas si no se tiene en cuenta la “traducción” de un lenguaje a otro –del literario al cinematográfico. Comprender esa traducción, también llamada adaptación, requiere conocer los dos lenguajes, y sin embargo habitualmente lo hacemos sólo desde el conocimiento del de la novela. De ahí emanan las manidas objeciones de que “eso no sale en la novela” o “en la novela eso no sucedía así”...
Más Allá del Tiempo es un claro ejemplo de adaptación que podría ser objeto de este tipo de críticas. Y sin embargo lo que hay que valorar es si ha sabido transmitir las mismas sensaciones, los mismos estímulos interiores en el espectador que el texto en el lector. Para ello el director puede introducir cambios, muy drásticos a veces, pero justificados si están al servicio de ese fin. En este sentido he de decir que hay momentos de la película que efectivamente consiguen evocar las mismas sensaciones que el libro. Las escenas del prado donde una y otra vez se encuentran los protagonistas son exactamente como me las imaginaba al leer la novela.
Sin embargo, globalmente creo que la pelíucla no consigue fascinar como la novela. Es difícil saber en qué medida influye que el factor sorpresa sobre el original argumento de la historia no puede repetirse si ya has leído el libro. Pero creo incluso para quien va a ver la película sin conocer la novela, a pesar de contar con ese factor sorpresa, el resultado final es bastante plano. Quizás en su afán de dejar muy claro lo que indudablemente era muy difícil de explicar, el director haya ido demasiado lejos, compartimentalizando la historia en capítulos casi independientes, resolviendo una sub-trama antes de plantear la siguiente Así, la realidad de los viajes en el tiempo, la relación con la chica, la relación con los padres, la cuestión de los hijos, la cuestión de su propia muerte, se tratan de manera sucesiva y no entrelazada, dándole a la película una sensación de inversimilitud que no emana del aspecto fantástico, sino de que la vida real no funciona en compartimentos estancos.
Para explicar la parte complicada del argumento le bastaban al director sus magistrales primeros minutos, en los que en poco tiempo lo dejó todo muy claro. Consiguió de manera eficacísima y en pocas secuencias poner a todos los espectadores en situación, evitando confusiones y malentendidos posteriores que podrían sacarlos de la película. Pero a partir de ahí sigue primando su afan “explicativo”, haciendo que la película cojee en intensidad emocional a pesar del potencial que tenía para ello, probablemente dejando indiferentes a la mayoría.
En cualquier caso, la hayan visto o no, lo que les recomiendo encarecidamente es leer la novela de Audrey Niffenegger, “La Mujer del Viajero en el Tiempo”.
Más Allá del Tiempo es un claro ejemplo de adaptación que podría ser objeto de este tipo de críticas. Y sin embargo lo que hay que valorar es si ha sabido transmitir las mismas sensaciones, los mismos estímulos interiores en el espectador que el texto en el lector. Para ello el director puede introducir cambios, muy drásticos a veces, pero justificados si están al servicio de ese fin. En este sentido he de decir que hay momentos de la película que efectivamente consiguen evocar las mismas sensaciones que el libro. Las escenas del prado donde una y otra vez se encuentran los protagonistas son exactamente como me las imaginaba al leer la novela.
Sin embargo, globalmente creo que la pelíucla no consigue fascinar como la novela. Es difícil saber en qué medida influye que el factor sorpresa sobre el original argumento de la historia no puede repetirse si ya has leído el libro. Pero creo incluso para quien va a ver la película sin conocer la novela, a pesar de contar con ese factor sorpresa, el resultado final es bastante plano. Quizás en su afán de dejar muy claro lo que indudablemente era muy difícil de explicar, el director haya ido demasiado lejos, compartimentalizando la historia en capítulos casi independientes, resolviendo una sub-trama antes de plantear la siguiente Así, la realidad de los viajes en el tiempo, la relación con la chica, la relación con los padres, la cuestión de los hijos, la cuestión de su propia muerte, se tratan de manera sucesiva y no entrelazada, dándole a la película una sensación de inversimilitud que no emana del aspecto fantástico, sino de que la vida real no funciona en compartimentos estancos.
Para explicar la parte complicada del argumento le bastaban al director sus magistrales primeros minutos, en los que en poco tiempo lo dejó todo muy claro. Consiguió de manera eficacísima y en pocas secuencias poner a todos los espectadores en situación, evitando confusiones y malentendidos posteriores que podrían sacarlos de la película. Pero a partir de ahí sigue primando su afan “explicativo”, haciendo que la película cojee en intensidad emocional a pesar del potencial que tenía para ello, probablemente dejando indiferentes a la mayoría.
En cualquier caso, la hayan visto o no, lo que les recomiendo encarecidamente es leer la novela de Audrey Niffenegger, “La Mujer del Viajero en el Tiempo”.
sábado, 17 de abril de 2010
QUERIDO JOHN - Oda al AMOR de Lasse Hallström
Comentaba antes de entrar en el cine que alguna vez se podría dar la circunstancia de que Lasse Hallström dececpcionara, y que quizás sería una película romántica como ésta donde podría tropezar. Nada más contrario a la realidad. Toque el tema que toque, Lasse Halström es el rey Midas del cine.
Nadie como él es capaz de convertir en cine situaciones tan reales como la vida misma sin que el resultado sea aburrido, sino todo lo contrario. Pura poesía en una pantalla. Ya lo hizo con la sencilla relación de un hombre con su perro en Hatchiko, comentada también en este blog.
Es la especialidad de Halström la capacidad para introducir todos los matices, aspectos, enfoques y salvedades que en la vida misma hacen que cualquier situación no sea tan simple y maniquea como queremos ceer. En el cine de Halström no hay buenos ni malos, sino personas que sufren, aprenden, superan dificultades o sucumben a ellas en situaciones tan reales como la vida real. Y gracias a esto, no podía haber nadie mejor que este director para hacer una verdadera oda al amor, al amor real que todos podemos sentir y tenemos a nuestro alcance, lleno de imperfecciones, limitaciones y retos por superar. Y, paradójicamente, precisamente por ello ha resultado ser un homenaje al AMOR con mayúsculas, porque es un amor posible y heróico, que saca lo mejor de las personas tras haber pasado por el tamiz de sus debilidades.
QUIEN QUIERA VER LA PELÍCULA SIN PERDER EL FACTOR SOPRESA, QUE NO SIGA LEYENDO.
Esto viene genialmente expresado con la carta que lee el hijo al principio y que parece estar escrita para su amada y que, casi al final vemos que estaba dirigida a su padre, un espectacular Richard Jenkins. Tras haber construido con todo su despliegue de medios lo que pasados dos tercios de la cinta parecía que iba a ser una historia románica más, con trasfondo del 11S y las guerras de irak y afganistán incluidos, todo ello se derrumba con la re-lectura de la mencionada carta y colocación en primer plano del amor entre John y su padre. Luego aparecen otros "amores", otras facetas del único amor, habría que decir, como el amor al prójimo en la igualmente realista y desgarradora decisión de John de no entrar en el juego de recuperar a Savanah ya casada con su viejo amigo Tim, a pesar de saber que ella estaba por la labor. Es el amor convertido en respeto por el otro y en el reconocimiento de haber perdido la oportunidad cuando la tuvo, no queriendo desandar lo andado a costa del dolor de terceras personas.
Sólo en una fría disección quasi-científica de la realidad cabe separar el amor romántico del amor filial o de otras de sus manifestaciones. En Querido John queda patente que amamos con el mismo corazón, que somos la misma persona cuando amamos a nuestra pareja, queremos a nuestros padres o sentimos una genuina compasión por personas deficientes o enfermas. Vemos, sentimos, lo doloroso que puede llegar a ser el ver que pasa el tiempo y uno no llega culminar todos sus amores, el verse incapaz de abarcar a todos a causa de las propias limitaciones y lo triste que puede ser darse cuenta de no llegar a tiempo. John casi llega tarde para su padre, perdió a Savanah, pero finalmente se redime respetando su matrimonio con un enfermo Tim y ganando además tiempo de vida para quien había ocupado su lugar junto a su amada, a través de una donacón anónima para su costoso tratamiento.
Lasse Halström es insuperable a la hora de utilizar todos los recursos posibles –todos—para crear un mensaje y transmitir sensaciones y sentimientos. En esta película son fundamentales las palabras. Pero Halström hace poesía con otros elementos también, como los entornos y elementos naturales. Es capaz de conmover con el simple seguimiento del recorrido de una carta desde el remitente hasta las manos del destinatario. Es capaz de conseguir que John, el protagonista (un desconocido y magnífico Channing Tatum), tenga casi siempre un mínimo de expresividad, para fugazmente mostrarle contento entre sus compañeros del ejército, el único entorno en que estaba alejado de sus seres queridos, en otro magistral contraste que expresa cómo el amor es exigente y trae consigo responsabilidades de las que se puede querer huir o refugiar.
Extraordinaria está también Amanda Seyfried (conocida por ¡Mamma Mia!), llena de expresividad contenida y encanto innato, ideal para el papel y el estilo de este director.
Ejemplo del lenguaje cinematográfico convertido en poesía por Hallström son también las secuencias de John en el agua, haciendo surf entre las olas o hundiéndose bajo ellas, según su estado de ánimo, pero siempre mostrando claramente que es en la soledad y aislamiento donde se encuentra consigo mismo, alejado una vez más, de las demandas del amor que en tierra firme le desgarran por dentro.
Quizás sea un ejemplo anecdótico, pero no puedo dejar de mencionar la brevísima secuencia en que, en el momento de más dramatismo emocional, John aporrea de rabia el volante del coche que conduce y se produce el efecto indeseado de que se pone en marcha en limpiaparabrisas. Como la vida misma, seña de identidad del cine de Hallström.
Así pues, ¿Quién sino iba a ser capaz de lograr una obra maestra a la hora de hacer una película sobre el amor? Vista “Querido John” es difícil comprender que para contestar a esta pregunta se pueda dudar ni siquiera una fracción de segundo en pronunciar el nombre de este director. Quién sino.
Nadie como él es capaz de convertir en cine situaciones tan reales como la vida misma sin que el resultado sea aburrido, sino todo lo contrario. Pura poesía en una pantalla. Ya lo hizo con la sencilla relación de un hombre con su perro en Hatchiko, comentada también en este blog.
Es la especialidad de Halström la capacidad para introducir todos los matices, aspectos, enfoques y salvedades que en la vida misma hacen que cualquier situación no sea tan simple y maniquea como queremos ceer. En el cine de Halström no hay buenos ni malos, sino personas que sufren, aprenden, superan dificultades o sucumben a ellas en situaciones tan reales como la vida real. Y gracias a esto, no podía haber nadie mejor que este director para hacer una verdadera oda al amor, al amor real que todos podemos sentir y tenemos a nuestro alcance, lleno de imperfecciones, limitaciones y retos por superar. Y, paradójicamente, precisamente por ello ha resultado ser un homenaje al AMOR con mayúsculas, porque es un amor posible y heróico, que saca lo mejor de las personas tras haber pasado por el tamiz de sus debilidades.
QUIEN QUIERA VER LA PELÍCULA SIN PERDER EL FACTOR SOPRESA, QUE NO SIGA LEYENDO.
Esto viene genialmente expresado con la carta que lee el hijo al principio y que parece estar escrita para su amada y que, casi al final vemos que estaba dirigida a su padre, un espectacular Richard Jenkins. Tras haber construido con todo su despliegue de medios lo que pasados dos tercios de la cinta parecía que iba a ser una historia románica más, con trasfondo del 11S y las guerras de irak y afganistán incluidos, todo ello se derrumba con la re-lectura de la mencionada carta y colocación en primer plano del amor entre John y su padre. Luego aparecen otros "amores", otras facetas del único amor, habría que decir, como el amor al prójimo en la igualmente realista y desgarradora decisión de John de no entrar en el juego de recuperar a Savanah ya casada con su viejo amigo Tim, a pesar de saber que ella estaba por la labor. Es el amor convertido en respeto por el otro y en el reconocimiento de haber perdido la oportunidad cuando la tuvo, no queriendo desandar lo andado a costa del dolor de terceras personas.
Sólo en una fría disección quasi-científica de la realidad cabe separar el amor romántico del amor filial o de otras de sus manifestaciones. En Querido John queda patente que amamos con el mismo corazón, que somos la misma persona cuando amamos a nuestra pareja, queremos a nuestros padres o sentimos una genuina compasión por personas deficientes o enfermas. Vemos, sentimos, lo doloroso que puede llegar a ser el ver que pasa el tiempo y uno no llega culminar todos sus amores, el verse incapaz de abarcar a todos a causa de las propias limitaciones y lo triste que puede ser darse cuenta de no llegar a tiempo. John casi llega tarde para su padre, perdió a Savanah, pero finalmente se redime respetando su matrimonio con un enfermo Tim y ganando además tiempo de vida para quien había ocupado su lugar junto a su amada, a través de una donacón anónima para su costoso tratamiento.
Lasse Halström es insuperable a la hora de utilizar todos los recursos posibles –todos—para crear un mensaje y transmitir sensaciones y sentimientos. En esta película son fundamentales las palabras. Pero Halström hace poesía con otros elementos también, como los entornos y elementos naturales. Es capaz de conmover con el simple seguimiento del recorrido de una carta desde el remitente hasta las manos del destinatario. Es capaz de conseguir que John, el protagonista (un desconocido y magnífico Channing Tatum), tenga casi siempre un mínimo de expresividad, para fugazmente mostrarle contento entre sus compañeros del ejército, el único entorno en que estaba alejado de sus seres queridos, en otro magistral contraste que expresa cómo el amor es exigente y trae consigo responsabilidades de las que se puede querer huir o refugiar.
Extraordinaria está también Amanda Seyfried (conocida por ¡Mamma Mia!), llena de expresividad contenida y encanto innato, ideal para el papel y el estilo de este director.
Ejemplo del lenguaje cinematográfico convertido en poesía por Hallström son también las secuencias de John en el agua, haciendo surf entre las olas o hundiéndose bajo ellas, según su estado de ánimo, pero siempre mostrando claramente que es en la soledad y aislamiento donde se encuentra consigo mismo, alejado una vez más, de las demandas del amor que en tierra firme le desgarran por dentro.
Quizás sea un ejemplo anecdótico, pero no puedo dejar de mencionar la brevísima secuencia en que, en el momento de más dramatismo emocional, John aporrea de rabia el volante del coche que conduce y se produce el efecto indeseado de que se pone en marcha en limpiaparabrisas. Como la vida misma, seña de identidad del cine de Hallström.
Así pues, ¿Quién sino iba a ser capaz de lograr una obra maestra a la hora de hacer una película sobre el amor? Vista “Querido John” es difícil comprender que para contestar a esta pregunta se pueda dudar ni siquiera una fracción de segundo en pronunciar el nombre de este director. Quién sino.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)