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lunes, 18 de noviembre de 2013

GRAVITY

Mira que intenté no dejarme influir por las grandes expectativas que todo el mundo suscitaba a base de buenas críticas, alabanzas y grandes loas a esta película. Pero incluso algún crítico profesional con quien comparto la aversión al 3D se deshizo en elogios e incluso comentó que si alguna película había que ver en 3D sería ésta. Así que decidí verla con las gafitas de marras.

Aumentaba mi interés por ella aquello de que encima los aspectos científicos parecían estar muy cuidados.

Llegado el momento disfruté, sí, de lo novedoso del tratamiento del "espacio". En lugar de las naves intergalácticas  de la ciencia ficción, o de naves más verosímiles e incluso reales representadas en su máximo esplendor, tenemos a conocidas lanzaderas y estaciones espaciales sufriendo deterioros fatales y una representación magnífica de las sensaciones que viven los astronautas en sus paseos espaciales y de la angustia que puede esconder verse en esa situación cuando las cosas no salen del todo bien. 

Pero a la película se le acaba el fuelle a medio camino. Y para entonces ni siquiera se ha visto toda la acción que prometían los trailers, (y que en toda la película no es nada más que lo que se vio en ellos). Podemos regocijarnos en lo bien que ha tratado Cuarón la falta de gravedad, pero no le veo nada de sorprendente, ya hemos visto infinidad de imágenes reales de astronautas flotando en sus naves y jugando con gotas de líquido suspendidas en la ingravidez. No veo tanto mérito en conseguir representar artificialmente lo que de sobra conocemos en la realidad.

Y es que los efectos especiales, incluso los que consideramos tan buenos porque no llaman la atención (como fue destacado en su día con Forrest Gump), tienen que estar al servicio de una historia. Y me pregunto cuál es la de Gravity. Hay ciertos momentos que hacen pensar que el guión busca transmitir un mensaje algo más profundo, pero quizás está tan profundamente perdido en el espacio que no hay modo de verlo. O quizás es que es tan simple como lo que he visto y no hay más donde rascar.

La estocada final a la película se la dio la aparición en sueños del astronauta muerto, tan fuera de lugar del ambiente creado en la película. Y no es que me molestara ver a George Clooney de nuevo - de hecho habría preferido que Sandra Bullock no lo hubiera soltado en un principio, y que la búsqueda del camino a casa la hubieran hecho entre los dos. De hecho, habría sido más creíble: se supone que él insiste en soltarse porque las cuerdas del paracaídas no iban a poder con los dos, cuando después resulta que esas mismas cuerdas son capaces de impedir que se aleje toda la cápsula, con motores incluidos...

Representar el espacio sin aburrir es difícil. A Gravity le reconozco que en ello le da mil vueltas a 2001: Odisea en el Espacio. Pero aún así no creo que lo podamos dar por logrado. A ver si a la tercera, dentro de unas décadas, alguien lo consigue...




sábado, 26 de junio de 2010

The Blind Side

Si es cierto que Sandra Bullock puede permitirse el lujo de ser muy selectiva con las películas que hace, ésta es buena prueba de ello.

The Blind side no es una más de esas películas “basada en hechos reales” con moralina y final feliz. Es toda una lección de humanidad, precisamente sin la repelente pretensión de aleccionar. Es verdad que la protagonista lleva a cabo una buena acción de la que muchos podrían tomar ejemplo, pero es igual de importante en el argumento la “purga” de sus intenciones al hacerlo a lo largo de la película: ella misma duda de la rectitud de sus intenciones, como lo hacen las personas a su alrededor. No sólo ante éstas, sino sobre todo ante sí misma, ha de demostrar que la ayuda que presta al joven chico al que acoge en su casa no está cargada de paternalismo y autocomplacencia. Y es esto lo que hace que esta película sea tan especial, y la espectacular actuación de Sandra Bullock merecedora de un Oscar.

Cinematográficamente es imprescindible destacar el uso de las caras de los personajes para expresar sus sentimientos y estados de ánimo sin mediar palabra. Y digo caras y no las expresiones faciales, ya que es admirable cómo sin apenas hacer muecas ni grandes gestos (como haría por ejemplo Jim Carrey), en cada momento unas excelentes tomas de las caras en primer plano situadas estratégicamente son las encargadas de transmitir las sensaciones de la historia con un realismo estremecedor.

Es éste un realismo que demuestra cómo una vez más, para ser verosímil no es necesario recurrir a la fácil solución de los cineastas vacíos de ideas que consiste en mostrar imágenes y secuencias cada cual más cruda o salvaje, en una escalada de violencia cutre y desgarradora (me vienen a la cabeza pasillos mugrientos con personas drogadas recorridos cámara al hombro). Se puede usar lenguaje cinematográfico del bueno para contar de modo verosímil y fiel a la realidad y The Blind Side es un excelente ejemplo.

No en vano las personas reales en cuyas vidas está basada la historia no sólo han aprobado la versión cinematográfica sino que se han prestado para un extenso pase de fotografías al final de la película.

Por cierto: sí, aunque no lo crean, también los republicanos pueden ser buenos.