El Inocente da una vuelta de tuerca más al género de las películas de juicios y abogados. En esta, pronto se disipa la duda de si el “inocente” lo es o no: la intriga se centra en ver cómo el abogado consigue hacer justicia cuando el único modo de hacerlo es romper el secreto profesional y traicionar la confidencialidad entre el abogado y su cliente…
La resolución es inteligente y el resultado es una película redonda que dejará al espectador agusto, satisfecho de haber elegido esta película de Hollywood frente a la imposición legislativa que coarta la libertad de los cines a proyectar las películas que quieran y la de los espectadores, limitando las opciones a su disposición con la obligatoriedad de tener en cartel un número determinado de películas españolas, incapaces de competir por sí solas con su calidad o, mejor dicho, falta de ella.